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Tipos de autismo infantil y sus características

Tipos de autismo infantil y sus características

Tipos de autismo infantil y sus características es una búsqueda frecuente entre familias que intentan comprender mejor el trastorno del espectro autista (TEA). Actualmente no se consideran varios tipos de autismo separados, sino un espectro con diferentes perfiles, capacidades y necesidades de apoyo, que pueden manifestarse de manera muy distinta en cada niño.

Durante años se utilizaron términos como síndrome de Asperger, autismo infantil o trastorno generalizado del desarrollo no especificado. La clasificación actual ha agrupado muchas de estas denominaciones dentro del trastorno del espectro autista, precisamente porque sus límites no siempre eran claros.

Por eso, más que preguntar qué “tipo” tiene un niño, resulta más útil conocer cómo se comunica, qué apoyos necesita, cómo responde a los estímulos y cuáles son sus fortalezas y dificultades concretas.

Qué es el autismo infantil

El autismo es una condición relacionada con el desarrollo neurológico que influye principalmente en la comunicación e interacción social y en determinados patrones de comportamiento, intereses o actividades.

Las características aparecen durante el desarrollo, aunque no siempre se identifican a la misma edad.

Un niño puede mostrar diferencias en la forma de comunicarse, jugar, relacionarse con otras personas, adaptarse a cambios o procesar sonidos, luces, texturas y otros estímulos.

La palabra “espectro” resulta especialmente importante porque existe una gran diversidad.

Dos niños diagnosticados con TEA pueden presentar características muy diferentes.

Existen realmente distintos tipos de autismo

En las clasificaciones actuales ya no se habla de distintos tipos como diagnósticos completamente independientes.

En su lugar se utiliza el concepto de trastorno del espectro autista.

Esto permite describir de manera más precisa las características particulares de cada persona.

Puede indicarse, por ejemplo, si existe o no discapacidad intelectual, si hay dificultades importantes en el lenguaje funcional o cuánto apoyo necesita el niño en determinados ámbitos de su vida.

Por eso expresiones antiguas como “autismo clásico” o “Asperger” todavía aparecen en conversaciones y textos, pero no representan la forma actual de clasificar clínicamente el TEA.

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Autismo de nivel 1

El nivel 1 se utiliza para describir situaciones en las que la persona requiere apoyo.

Un niño puede hablar con fluidez, aprender contenidos académicos con normalidad e incluso destacar especialmente en algunas áreas.

Sin embargo, puede encontrar dificultades para iniciar conversaciones, comprender determinadas normas sociales o adaptarse a situaciones nuevas.

También pueden aparecer intereses muy intensos y específicos.

Por ejemplo, un niño puede conocer muchísimos detalles sobre trenes, dinosaurios o astronomía y querer hablar extensamente sobre ese tema.

Los cambios inesperados en la rutina también pueden producir preocupación o malestar.

Estas características no tienen que aparecer exactamente igual en todos los niños.

Autismo de nivel 2

En el nivel 2 se habla de una necesidad de apoyo sustancial.

Las dificultades en comunicación e interacción social suelen resultar más visibles.

El niño puede utilizar lenguaje verbal, pero tener problemas importantes para mantener conversaciones o interpretar determinadas situaciones sociales.

También pueden aparecer comportamientos repetitivos más evidentes y una gran dificultad para aceptar cambios.

Una alteración inesperada de la rutina puede generar una respuesta intensa.

El niño puede necesitar apoyos específicos tanto en casa como en el colegio para comunicarse, organizar actividades o afrontar determinados entornos.

La autonomía puede variar mucho de un caso a otro.

Autismo de nivel 3

El nivel 3 describe situaciones en las que se necesita apoyo muy sustancial.

Puede existir una dificultad importante en la comunicación verbal y no verbal.

Algunos niños hablan muy poco o no utilizan lenguaje oral funcional, aunque esto no significa que no puedan comunicarse mediante otros sistemas.

Pueden utilizar:

gestos, imágenes, dispositivos electrónicos o sistemas aumentativos y alternativos de comunicación.

Los comportamientos repetitivos, las necesidades de rutina o las diferencias sensoriales también pueden influir intensamente en la vida cotidiana.

Estos niños pueden necesitar apoyo continuo para muchas actividades.

Sin embargo, el nivel de apoyo no define el valor, la personalidad ni todas las capacidades de una persona.

Los niveles no son tres tipos cerrados

Es importante no interpretar los niveles 1, 2 y 3 como si fueran tres cajas completamente separadas.

Un niño puede necesitar mucho apoyo para comunicarse pero desenvolverse con mayor autonomía en otras actividades.

También puede ocurrir lo contrario.

Las necesidades pueden variar según:

edad, contexto, desarrollo, ambiente y apoyos disponibles.

Por ejemplo, un niño puede desenvolverse relativamente bien en casa pero experimentar grandes dificultades en un colegio ruidoso y lleno de estímulos.

Los niveles sirven para orientar las necesidades de apoyo, no para describir completamente a una persona.

Qué ocurrió con el síndrome de Asperger

El término síndrome de Asperger fue utilizado durante años para describir determinados perfiles dentro del autismo.

Generalmente se aplicaba a personas sin discapacidad intelectual y sin retrasos importantes en el desarrollo inicial del lenguaje.

Actualmente se encuentra integrado dentro del diagnóstico de trastorno del espectro autista.

Algunas personas que fueron diagnosticadas anteriormente continúan identificándose con el término Asperger, por lo que todavía puede escucharse con frecuencia.

Desde el punto de vista clínico actual, sin embargo, se intenta describir mejor el perfil individual y las necesidades de apoyo en lugar de establecer esta categoría separada.

Autismo con o sin discapacidad intelectual

El autismo y la discapacidad intelectual son conceptos diferentes, aunque pueden aparecer juntos.

Algunos niños con TEA presentan discapacidad intelectual.

Otros tienen una capacidad intelectual dentro de los valores habituales o incluso muestran habilidades especialmente desarrolladas en determinadas áreas.

Por eso no debería estimarse la capacidad intelectual de un niño únicamente observando su forma de hablar o comportarse.

Un niño con grandes dificultades de comunicación puede comprender mucho más de lo que consigue expresar verbalmente.

La evaluación profesional debe analizar diferentes áreas del desarrollo antes de establecer conclusiones.

Autismo con o sin lenguaje oral

La comunicación constituye otra de las áreas donde existe una enorme diversidad.

Algunos niños desarrollan un vocabulario amplio y utilizan frases complejas.

Otros comienzan a hablar más tarde.

También existen niños que utilizan pocas palabras o que no desarrollan lenguaje oral funcional.

Esto no significa que no tengan capacidad para comunicarse.

Pueden emplearse sistemas alternativos y aumentativos de comunicación adaptados a cada persona.

El objetivo debería ser facilitar una forma efectiva de expresar necesidades, decisiones, emociones e intereses.

Además, hablar mucho no implica necesariamente comprender correctamente todas las situaciones comunicativas.

Características sociales del autismo infantil

Las diferencias en interacción social pueden aparecer desde edades tempranas, aunque no todos los niños presentan las mismas.

Puede observarse menor uso de gestos, dificultades para compartir intereses o una forma diferente de relacionarse con otros niños.

Algunos pequeños prefieren jugar solos.

Otros quieren relacionarse, pero no saben bien cómo iniciar o mantener la interacción.

También pueden tener dificultades para interpretar:

ironías, dobles sentidos, expresiones faciales o determinadas normas sociales implícitas.

Estas características pueden volverse más evidentes cuando aumentan las exigencias sociales al comenzar la escuela.

Conductas repetitivas e intereses intensos

Los comportamientos repetitivos forman parte de las características que pueden aparecer en el TEA.

Un niño puede mover repetidamente las manos, balancearse o repetir determinadas palabras y frases.

También puede ordenar objetos de una forma concreta o querer realizar determinadas actividades siempre del mismo modo.

Estas conductas no deberían considerarse automáticamente negativas.

Algunos movimientos repetitivos pueden ayudar al niño a regular emociones o estímulos sensoriales.

La intervención suele centrarse especialmente en aquellas conductas que generan sufrimiento, dificultan significativamente la vida cotidiana o implican algún peligro.

Sensibilidad a sonidos, luces y texturas

Las diferencias sensoriales son frecuentes.

Algunos niños reaccionan intensamente a determinados sonidos que otras personas apenas perciben.

Una aspiradora, un secador, una sirena o el ruido de un comedor escolar pueden resultar extremadamente molestos.

También pueden existir dificultades con determinadas:

texturas de ropa, olores, luces o alimentos.

Otros niños buscan activamente sensaciones intensas y disfrutan girando, saltando o tocando determinadas superficies.

Comprender este perfil sensorial puede ayudar a explicar comportamientos que, vistos desde fuera, parecen inexplicables.

La importancia de las rutinas

Muchos niños con autismo encuentran seguridad en la previsibilidad.

Saber qué ocurrirá después puede reducir la incertidumbre.

Por eso cambios aparentemente pequeños pueden generar un malestar considerable.

Cambiar el recorrido habitual hacia el colegio, sustituir a un profesor o alterar los horarios puede resultar difícil.

Anticipar los cambios mediante explicaciones, calendarios visuales o rutinas puede facilitar la adaptación.

El objetivo no consiste necesariamente en eliminar todas las rutinas.

Se trata de proporcionar herramientas que permitan afrontar gradualmente situaciones nuevas sin generar una sobrecarga innecesaria.

El autismo puede manifestarse diferente en niñas

Durante años, buena parte del conocimiento sobre autismo se construyó estudiando principalmente a niños varones.

Actualmente existe mayor atención a cómo puede presentarse en niñas.

Algunas pueden aprender a imitar comportamientos sociales y ocultar determinadas dificultades.

Este fenómeno suele denominarse enmascaramiento o masking.

Una niña puede parecer socialmente integrada en el colegio pero realizar un enorme esfuerzo para conseguirlo y terminar completamente agotada al llegar a casa.

También puede tener intereses intensos que parezcan socialmente habituales y, por ello, resulten menos evidentes.

Esto puede contribuir a que determinadas niñas sean diagnosticadas más tarde.

Cuáles son las primeras señales

No existe una única señal que permita identificar el autismo.

Algunas características que pueden llamar la atención son dificultades en el desarrollo de la comunicación, poca respuesta al nombre, diferencias en el contacto social o presencia de comportamientos repetitivos.

También puede observarse una reacción especialmente intensa ante determinados estímulos o una gran dificultad frente a cambios.

En algunos casos, las familias detectan una pérdida de habilidades previamente adquiridas.

Sin embargo, presentar una de estas características no significa automáticamente que un niño tenga autismo.

Existen muchas posibles explicaciones para determinadas diferencias en el desarrollo.

A qué edad puede detectarse

Algunas características pueden aparecer durante los primeros años de vida.

En determinados niños es posible realizar una evaluación diagnóstica fiable alrededor de los dos años, aunque muchos reciben el diagnóstico posteriormente.

Otros perfiles pueden resultar difíciles de detectar hasta que aumentan las demandas sociales y académicas.

Por eso es importante observar el desarrollo global y comentar cualquier preocupación con profesionales sanitarios.

Esperar únicamente a que “se le pase” puede retrasar el acceso a apoyos que podrían resultar útiles.

Cómo se diagnostica el autismo infantil

No existe un análisis de sangre ni una prueba única que confirme por sí sola el TEA.

La evaluación se basa en el desarrollo y comportamiento del niño.

Los profesionales pueden analizar información aportada por familiares, observar directamente al niño y utilizar diferentes herramientas de evaluación.

También pueden valorar:

lenguaje, capacidad cognitiva, autonomía, comportamiento y desarrollo.

En ocasiones intervienen profesionales de distintas disciplinas.

La evaluación individual es especialmente importante porque muchos comportamientos relacionados con el autismo también pueden aparecer en otras condiciones del desarrollo.

Qué hacer si sospechas que un niño puede tener autismo

Si existen dudas sobre el desarrollo, lo adecuado es consultar con el pediatra o con profesionales especializados.

No conviene intentar establecer un diagnóstico utilizando únicamente cuestionarios encontrados en internet.

Las herramientas de cribado pueden señalar que sería conveniente realizar una valoración, pero no sustituyen una evaluación profesional.

Buscar ayuda temprana no significa etiquetar al niño.

Permite comprender mejor sus necesidades y determinar qué apoyos pueden facilitar su comunicación, aprendizaje, autonomía y bienestar.

Qué apoyos puede necesitar un niño con autismo

No existe una intervención idéntica para todos.

El apoyo debería adaptarse a las necesidades concretas del niño.

Dependiendo del caso puede incluir apoyo educativo, logopedia, terapia ocupacional, herramientas de comunicación o estrategias para manejar dificultades sensoriales y cambios de rutina.

También resulta fundamental trabajar con la familia y el entorno escolar.

La finalidad no debería ser obligar al niño a parecerse a los demás, sino ayudarle a comunicarse, aprender, participar y desenvolverse con mayor bienestar y autonomía.

Cada niño tiene un perfil diferente

Hablar de tipos de autismo infantil y sus características puede servir como punto de partida para comprender el espectro, pero ningún nivel o etiqueta explica completamente cómo es un niño. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden diferenciarse enormemente en lenguaje, aprendizaje, relaciones sociales, sensibilidad sensorial e independencia.

Por eso, la clasificación actual se centra cada vez más en identificar fortalezas, dificultades y necesidades de apoyo individuales. Si existen dudas sobre el desarrollo de un niño, una valoración profesional permite obtener información mucho más útil que intentar encajarlo por cuenta propia dentro de un supuesto “tipo de autismo”.

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