Aprende cómo saber si mi hijo tiene autismo, cuáles son las principales señales según la edad y cuándo conviene pedir una valoración profesional.
Preguntarse cómo saber si mi hijo tiene autismo suele surgir cuando los padres observan diferencias en el lenguaje, el juego, la forma de relacionarse o la respuesta a determinados estímulos. Algunas señales pueden aparecer durante los primeros años, pero ningún comportamiento aislado permite diagnosticar autismo. Un niño que tarda en hablar, evita ocasionalmente la mirada o prefiere jugar solo no tiene necesariamente un trastorno del espectro autista (TEA). Lo importante es observar el conjunto de su desarrollo y consultar cuando existen varias señales persistentes o una pérdida de habilidades previamente adquiridas.
Qué es el autismo
El autismo es una condición del neurodesarrollo que influye principalmente en la comunicación e interacción social y en la manera de comportarse, jugar, aprender o procesar determinados estímulos.
Se habla de espectro porque puede manifestarse de formas muy diferentes.
Algunos niños presentan dificultades importantes con el lenguaje y necesitan bastante apoyo en su vida cotidiana. Otros desarrollan un lenguaje amplio, obtienen buenos resultados académicos y las diferencias se hacen visibles principalmente en situaciones sociales complejas.
Por eso no existe una única apariencia del autismo.
Cuáles son las señales más frecuentes
Las primeras señales suelen aparecer en diferentes áreas del desarrollo.
Un niño puede mostrar:
- Poco uso de gestos para comunicarse.
- Escasa respuesta cuando se le llama por su nombre.
- Dificultad para compartir intereses con otras personas.
- Menor uso de la mirada para comunicarse.
- Retraso o peculiaridades en el lenguaje.
- Repetición frecuente de palabras o frases.
- Juego muy repetitivo.
- Intereses especialmente intensos.
- Necesidad marcada de mantener determinadas rutinas.
- Movimientos repetitivos.
- Reacciones inusuales ante sonidos, luces, texturas, olores o sabores.
No todos los niños autistas presentan todas estas características.
Además, muchas de ellas pueden aparecer también por otras causas.
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Señales antes de los 12 meses
Durante el primer año es especialmente difícil distinguir variaciones normales del desarrollo de posibles señales de alerta.
Aun así, algunos bebés pueden mostrar poca reciprocidad social.
Por ejemplo, pueden utilizar menos la mirada para interactuar, mostrar escaso interés por juegos sociales sencillos o anticipar menos determinadas interacciones.
También puede llamar la atención que produzcan pocos sonidos destinados a comunicarse con otras personas.
Estas conductas por sí mismas no permiten diagnosticar autismo.
El desarrollo durante los primeros meses presenta una enorme variabilidad, por lo que cualquier preocupación debe valorarse dentro del conjunto de habilidades del bebé.
Señales alrededor de los 12 meses
Aproximadamente al cumplir un año empiezan a resultar especialmente importantes los gestos comunicativos.
Puede merecer una valoración que el niño apenas utilice gestos como señalar, mostrar objetos o decir adiós con la mano.
También puede observarse ausencia o escasez de balbuceo con intención comunicativa.
Señalar merece especial atención porque no sirve únicamente para pedir algo.
Un niño puede señalar un avión simplemente para que su padre lo mire también.
Ese intento de compartir atención e interés con otra persona constituye una habilidad social importante.
Señales entre los 12 y 18 meses
Durante esta etapa pueden aparecer comportamientos algo más reconocibles.
Una señal habitual es que el niño responda pocas veces a su nombre, aunque primero debe descartarse que exista un problema auditivo.
También puede presentar dificultades para seguir la mirada o el gesto de otra persona.
Por ejemplo, si un adulto señala un perro situado a cierta distancia, el niño puede no dirigir su atención hacia donde señala.
Otros niños no muestran objetos para compartir su interés o utilizan poco los gestos para pedir ayuda.
Lo relevante no es que algo ocurra una vez, sino observar un patrón mantenido en distintas situaciones.
Señales entre los 18 y 24 meses
A esta edad suelen hacerse más visibles las diferencias relacionadas con lenguaje, imitación y juego.
Puede existir:
Poco lenguaje hablado, escasa imitación de otras personas, juego repetitivo o poco juego simbólico.
Un niño puede dedicar mucho tiempo a hacer girar las ruedas de un coche en lugar de utilizarlo para representar una carrera.
Otro puede abrir y cerrar repetidamente una puerta o colocar objetos siempre siguiendo el mismo patrón.
También puede mostrar poco interés por participar en juegos con otras personas.
Pero, nuevamente, ninguna de estas conductas aisladas equivale a un diagnóstico.
El retraso del lenguaje no significa necesariamente autismo
Esta es una de las confusiones más habituales.
Hablar tarde no significa automáticamente tener autismo.
Existen niños con retrasos del lenguaje que muestran una comunicación social muy clara.
Aunque todavía no hablen, pueden señalar, mirar a sus padres para compartir algo interesante, utilizar expresiones faciales, imitar y buscar activamente interacción.
También existen niños autistas que empiezan a hablar dentro de los periodos habituales o incluso desarrollan un vocabulario muy amplio.
Por eso los profesionales no valoran únicamente cuántas palabras utiliza un niño.
También observan para qué utiliza el lenguaje y cómo se comunica cuando no habla.
Qué significa que no responda a su nombre
No responder al nombre es una señal que suele preocupar mucho a los padres.
Puede formar parte de un patrón compatible con autismo, pero existen otras explicaciones.
El niño puede estar profundamente concentrado, puede existir un problema de audición o simplemente puede responder de manera irregular según la situación.
Lo que resulta más significativo es comprobar si la falta de respuesta es frecuente y aparece junto con otras diferencias en comunicación e interacción.
Ante esta situación suele ser útil valorar también la audición.
El contacto visual por sí solo no sirve para diagnosticar
Otra idea demasiado simplificada es pensar que todos los niños autistas evitan mirar a los ojos.
No es así.
Algunos utilizan poco el contacto ocular, otros lo mantienen y algunos pueden haber aprendido conscientemente a hacerlo.
Lo relevante es cómo utiliza el niño la mirada dentro de la comunicación.
Por ejemplo, si alterna la mirada entre un juguete y su padre para compartir interés.
Evaluar el autismo consiste en observar un conjunto complejo de comportamientos, no comprobar si el niño mira o no a los ojos.
Los movimientos repetitivos también pueden ser una señal
Algunos niños realizan movimientos repetitivos conocidos como estereotipias o conductas de autorregulación.
Pueden incluir:
- Aletear las manos.
- Balancearse.
- Girar sobre sí mismos.
- Mover repetidamente los dedos.
- Saltar de manera reiterada.
- Manipular objetos siempre de una forma determinada.
Estas conductas pueden resultar agradables o ayudar al niño a regular emociones y estímulos.
Además, determinados movimientos repetitivos también aparecen ocasionalmente en niños que no son autistas.
Su presencia adquiere más significado cuando forma parte de un patrón más amplio.
La sensibilidad a sonidos, ropa o alimentos puede aportar pistas
El procesamiento sensorial puede ser diferente en algunos niños autistas.
Un sonido cotidiano puede resultarles extraordinariamente molesto.
Pueden taparse los oídos ante una aspiradora, un secador o determinados ruidos.
Otros rechazan ciertas prendas porque no soportan una costura o una etiqueta.
También pueden presentar una alimentación muy selectiva debido a texturas, olores, temperaturas o mezclas de alimentos.
En el extremo contrario, algunos buscan intensamente determinadas sensaciones: movimiento, presión, luces, texturas o sonidos.
Estas diferencias sensoriales tampoco son exclusivas del autismo.
Qué ocurre si necesita siempre las mismas rutinas
Otro posible indicador es una dificultad especialmente intensa para afrontar cambios.
Puede querer realizar siempre exactamente el mismo recorrido, utilizar un vaso concreto o seguir determinadas actividades en un orden rígido.
Una modificación aparentemente pequeña puede provocar una reacción emocional considerable.
A muchos niños pequeños les gustan las rutinas y eso es completamente normal.
La diferencia está en el grado de rigidez y en cuánto afecta esa necesidad a su vida cotidiana.
Cómo puede manifestarse en niños mayores
Algunos casos no se detectan durante los primeros años.
Cuando aumentan las demandas sociales del colegio, pueden hacerse más visibles determinadas dificultades.
Un niño mayor puede tener problemas para:
Comprender bromas, ironías o dobles sentidos; mantener conversaciones recíprocas; adaptarse a las reglas sociales del grupo o interpretar correctamente las intenciones de los demás.
También puede desarrollar intereses extremadamente intensos sobre determinados temas y hablar de ellos durante mucho tiempo sin percibir si la otra persona comparte ese interés.
Otros niños desean tener amigos, pero no saben bien cómo entrar en un grupo o mantener las relaciones.
El autismo puede ser menos evidente en las niñas
Durante años se ha prestado especial atención a patrones observados principalmente en niños varones.
Algunas niñas pueden mostrar características menos evidentes o aprender a imitar comportamientos sociales para pasar desapercibidas.
Pueden observar cómo actúan otras niñas, copiar expresiones o preparar mentalmente qué deben decir en determinadas situaciones.
Sus intereses intensos también pueden parecer socialmente habituales y llamar menos la atención.
Esto puede hacer que algunas dificultades no resulten evidentes hasta que aumentan las exigencias sociales.
La pérdida de habilidades merece una valoración
Existe una situación especialmente importante: un niño que pierde habilidades que ya había adquirido.
Por ejemplo, utilizaba palabras y deja de hacerlo, interactuaba de una forma determinada y deja de responder o pierde capacidades sociales previamente presentes.
La regresión no significa necesariamente autismo y puede tener otras causas.
Pero una pérdida clara de lenguaje, comunicación u otras habilidades adquiridas debe comentarse sin demora con el pediatra para estudiar qué está ocurriendo.
No es recomendable adoptar simplemente una estrategia de “esperar a ver si se le pasa”.
Puede un test de Internet decir si mi hijo tiene autismo
No.
Existen cuestionarios de cribado que ayudan a identificar niños que podrían necesitar una evaluación más detallada.
Uno de los más conocidos para edades tempranas es el M-CHAT-R/F.
Pero un resultado elevado en un cuestionario no significa que el niño tenga autismo.
Del mismo modo, un resultado aparentemente normal tampoco debería utilizarse para ignorar preocupaciones importantes de los padres.
Los test de cribado sirven para detectar riesgo, no para realizar el diagnóstico.
Cómo se diagnostica realmente el autismo
No existe un análisis de sangre, una resonancia o una prueba genética que por sí sola determine si un niño es autista.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico.
Los profesionales recogen información sobre el desarrollo desde los primeros meses, observan al niño y valoran comunicación, interacción, juego, comportamientos e intereses.
También pueden utilizar cuestionarios y herramientas estandarizadas.
Dependiendo del caso, pueden participar diferentes profesionales especializados en desarrollo infantil.
Además, se valoran otras posibles explicaciones o condiciones que pueden aparecer simultáneamente.
A quién acudir si sospechas que tu hijo puede tener autismo
En España, un buen primer paso es comentarlo con el pediatra de Atención Primaria.
Resulta útil explicar conductas concretas en lugar de decir únicamente «creo que tiene autismo».
Por ejemplo:
«Tiene 20 meses y todavía no señala».
«Antes utilizaba cinco palabras y ha dejado de decirlas».
«Casi nunca responde cuando lo llamamos».
«No intenta enseñarnos las cosas que le gustan».
El pediatra puede valorar su desarrollo y determinar si necesita una evaluación especializada, una comprobación auditiva o acceso a servicios de atención temprana.
No es necesario esperar a tener un diagnóstico definitivo para consultar sobre un retraso del desarrollo.
Qué puedes observar antes de acudir al pediatra
Durante unos días puedes anotar ejemplos concretos relacionados con:
lenguaje, respuesta al nombre, gestos, mirada, juego, relación con otros niños, rutinas y sensibilidad a estímulos.
También puede resultar útil preguntar en la escuela infantil o colegio qué observan allí.
Un niño puede comportarse de forma diferente en casa y en un entorno con otros menores.
Los vídeos domésticos de determinadas conductas también pueden ayudar a explicar algo difícil de reproducir durante una consulta.
El objetivo no es reunir pruebas para diagnosticarlo en casa, sino proporcionar información útil al profesional.
No hay que esperar a que aparezcan todas las señales
El autismo presenta una enorme variabilidad.
Un niño puede hablar y ser autista.
Puede mirar a los ojos y ser autista.
Puede mostrar cariño a sus padres y ser autista.
Puede jugar con otros niños y seguir presentando características compatibles con el espectro.
Por eso las listas de síntomas deben utilizarse únicamente como orientación para detectar cuándo merece la pena consultar.
Si existen dudas persistentes sobre el desarrollo, pedir una valoración no perjudica al niño. Puede confirmar que evoluciona dentro de lo esperado, descubrir un retraso diferente o permitir identificar necesidades de apoyo cuanto antes.
La pregunta no debería ser únicamente «¿cumple suficientes señales para tener autismo?». Resulta más útil preguntarse si existe alguna parte de su comunicación, desarrollo o comportamiento que está generando preocupación y merece ser valorada. Cuando esa preocupación existe, comentarla con el pediatra es el paso más adecuado.
