Cómo identificar el autismo infantil implica observar posibles diferencias persistentes en la comunicación social, la interacción, el juego, los intereses y determinados comportamientos repetitivos. Una señal aislada no permite diagnosticar autismo: lo importante es valorar el desarrollo global del niño y consultar con pediatría cuando existen dudas, especialmente si pierde habilidades que ya había adquirido.
El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo muy diversa. Dos niños autistas pueden comunicarse, relacionarse y comportarse de formas completamente diferentes. Algunos muestran señales claras durante los primeros años de vida, mientras que en otros las diferencias se hacen más evidentes al aumentar las exigencias sociales en la escuela.
Qué es el autismo infantil
El autismo afecta principalmente a la manera en que una persona se comunica, interactúa socialmente, procesa determinados estímulos y desarrolla patrones de comportamiento o intereses.
Se utiliza la palabra “espectro” precisamente porque existe una enorme variedad de manifestaciones.
Hay niños que hablan mucho y otros que utilizan pocas palabras o sistemas alternativos de comunicación. Algunos necesitan un apoyo considerable en la vida diaria y otros son bastante autónomos.
Por eso no existe una imagen única del niño autista.
A qué edad pueden aparecer las primeras señales
Algunas diferencias pueden observarse durante el primer o segundo año de vida.
En otros casos no llaman especialmente la atención hasta los 3, 4 o incluso más años.
Los especialistas pueden realizar evaluaciones desde edades tempranas cuando existen señales compatibles.
Actualmente se recomienda prestar atención al desarrollo desde los primeros meses y no esperar necesariamente a que el niño empiece el colegio.
Detectar pronto una dificultad no significa etiquetar precipitadamente al menor. Permite determinar si necesita apoyo en áreas como lenguaje, comunicación, juego o autonomía.
Leer también: Tipos de autismo infantil y sus características
No responder al nombre puede ser una señal
Una de las conductas que puede llamar la atención es que el niño no responda habitualmente cuando se le llama por su nombre.
Sin embargo, esta conducta por sí sola no demuestra que exista autismo.
También podría relacionarse con:
problemas auditivos, concentración intensa en una actividad u otras diferencias del desarrollo.
Por eso, si ocurre de forma repetida, conviene observar qué sucede en otras situaciones.
¿Busca la mirada de sus padres?
¿Reacciona ante otros sonidos?
¿Intenta compartir experiencias?
El patrón completo resulta mucho más informativo que una conducta aislada.
El contacto visual puede ser diferente
Algunos niños autistas establecen menos contacto visual o lo utilizan de una forma diferente.
Pueden mirar brevemente a una persona y apartar la mirada, o no buscar los ojos del adulto al comunicarse.
Pero tampoco existe una regla según la cual:
“si mira a los ojos, no puede ser autista”.
Eso es incorrecto.
Muchos niños autistas realizan contacto visual.
Lo relevante es analizar cómo integra la mirada con los gestos, el lenguaje y la interacción social.
Puede señalar menos para compartir intereses
Un aspecto especialmente interesante del desarrollo es la llamada atención conjunta.
Ocurre cuando dos personas comparten su atención sobre algo.
Por ejemplo, un niño ve un avión y señala al cielo mientras mira a su padre para asegurarse de que también lo ha visto.
No está pidiendo el avión.
Está compartiendo su interés.
Algunos niños autistas utilizan menos este tipo de gestos sociales.
Pueden señalar para pedir algo, pero hacerlo menos para simplemente decir:
“mira eso”.
Puede existir retraso en el lenguaje
Algunos niños dentro del espectro empiezan a hablar más tarde.
Pueden utilizar pocas palabras para su edad o tener dificultades para construir frases.
Sin embargo, el retraso del lenguaje no es sinónimo de autismo.
Muchos niños presentan retrasos del habla sin ser autistas y algunos niños autistas desarrollan el lenguaje dentro de los tiempos esperados.
Por eso los profesionales no valoran únicamente cuántas palabras conoce el niño.
También observan para qué las utiliza y cómo se comunica con otras personas.
Repetir palabras o frases puede aparecer
Algunos niños repiten palabras, expresiones o fragmentos que han escuchado anteriormente.
Este fenómeno recibe el nombre de ecolalia.
Por ejemplo, ante la pregunta:
“¿Quieres agua?”
el niño podría responder repitiendo:
“¿Quieres agua?”
También puede memorizar frases de dibujos animados y utilizarlas posteriormente.
La ecolalia puede formar parte del proceso de adquisición del lenguaje en determinadas etapas, por lo que debe interpretarse según:
edad, frecuencia, contexto y resto del desarrollo comunicativo.
El juego puede ser diferente
Durante la infancia, el juego proporciona mucha información sobre el desarrollo.
Algunos niños autistas muestran una especial preferencia por utilizar objetos de manera repetitiva.
Por ejemplo, pueden:
alinear juguetes, hacer girar ruedas, ordenar objetos por características concretas o repetir siempre la misma secuencia.
También puede existir menor interés por determinados juegos imaginativos.
Sin embargo, muchos niños autistas sí desarrollan juego simbólico.
Una vez más, no existe una conducta que por sí sola confirme el diagnóstico.
Las rutinas pueden adquirir mucha importancia
Algunos niños encuentran seguridad en que las cosas ocurran de una manera predecible.
Un cambio inesperado puede provocar una reacción intensa.
Puede existir necesidad de:
seguir siempre la misma ruta, utilizar determinados objetos, comer alimentos concretos o realizar una actividad en el mismo orden.
Todos los niños pueden atravesar etapas en las que prefieren rutinas.
La diferencia aparece cuando la rigidez es especialmente intensa y dificulta de forma significativa la vida cotidiana.
Los movimientos repetitivos pueden ser una señal
En algunos niños aparecen movimientos repetitivos, conocidos también como estereotipias.
Pueden incluir:
aleteo de manos, balanceo del cuerpo, movimientos con los dedos o saltos repetidos.
Estas conductas pueden aparecer cuando el niño está:
emocionado, nervioso, cansado o muy concentrado.
No deben interpretarse automáticamente como algo que haya que eliminar.
En muchas personas cumplen una función de regulación.
Lo importante desde el punto de vista diagnóstico es analizar su presencia junto con otras características del desarrollo.
Puede haber intereses muy intensos
Los niños suelen tener temas favoritos.
Uno puede pasar semanas fascinado por dinosaurios y otro por coches.
En determinados niños autistas, algunos intereses pueden adquirir una intensidad o especificidad poco habitual.
Por ejemplo, pueden memorizar enorme cantidad de información sobre:
trenes, planetas, mapas, números, animales o un personaje concreto.
El interés en sí mismo no es un problema.
Puede convertirse incluso en una fortaleza importante.
Lo que se valora es su intensidad, flexibilidad y cómo encaja con el resto de actividades.
La sensibilidad a sonidos, luces o texturas puede cambiar
El procesamiento sensorial puede ser diferente.
Un niño puede reaccionar intensamente ante sonidos cotidianos que otras personas apenas perciben.
Por ejemplo:
secadores, aspiradoras, sirenas o lugares con mucho ruido.
También puede existir sensibilidad a:
ropa, etiquetas, determinadas texturas de alimentos, luces intensas u olores.
Otros niños buscan activamente determinadas sensaciones y disfrutan girando, saltando o tocando ciertas superficies.
Estas diferencias sensoriales son frecuentes dentro del espectro, aunque también aparecen en niños sin autismo.
La alimentación selectiva puede ser muy intensa
Muchos niños pequeños son selectivos con la comida.
En algunos niños autistas esta selectividad puede ser especialmente marcada debido a:
texturas, olores, colores, temperaturas o presentación.
Puede aceptar únicamente alimentos con características muy concretas.
Por ejemplo, rechazar todo alimento blando o negarse a comer una marca cuando cambia el envase.
Cuando la dieta resulta extremadamente limitada, afecta al crecimiento o genera conflictos importantes, conviene comentarlo con profesionales sanitarios.
Cómo puede relacionarse con otros niños
Algunos niños autistas muestran menos interés por incorporarse espontáneamente a los juegos de otros niños.
Otros desean relacionarse, pero tienen dificultades para comprender las reglas sociales.
Pueden no saber:
cómo iniciar un juego, cuándo intervenir en una conversación o cómo interpretar determinadas expresiones.
En edades escolares, esto puede hacer que parezcan tímidos, solitarios o socialmente torpes.
Sin embargo, querer tener amigos no descarta el autismo.
Muchos niños autistas desean profundamente relacionarse.
Las señales pueden ser diferentes en niñas
El autismo puede pasar más desapercibido en algunas niñas.
Una niña puede observar a otros niños e imitar determinadas conductas sociales para integrarse.
Esto puede hacer que sus dificultades sean menos evidentes desde fuera.
También pueden presentar intereses intensos aparentemente comunes para su edad, pero vividos con una intensidad particular.
Algunas personas aprenden a enmascarar o camuflar determinadas diferencias sociales.
Mantener constantemente este esfuerzo puede resultar agotador.
Por eso la valoración debe ir más allá de estereotipos sobre cómo “parece” una persona autista.
Qué significa perder habilidades adquiridas
Una señal que siempre merece atención es la regresión del desarrollo.
Por ejemplo, un niño que utilizaba palabras habitualmente y deja de hacerlo, o que pierde habilidades sociales que anteriormente mostraba.
La pérdida de capacidades adquiridas debe comentarse con el pediatra.
No significa automáticamente que exista autismo, ya que pueden existir otras causas que requieren evaluación.
Precisamente por eso no conviene adoptar una estrategia de “esperar unos meses para ver qué ocurre” cuando existe una pérdida clara de habilidades.
Qué señales merecen consultar con el pediatra
No hace falta esperar a reunir una larga lista de síntomas.
Conviene solicitar valoración cuando los padres observan diferencias persistentes en:
lenguaje, comunicación, interacción, juego o comportamiento, especialmente cuando interfieren en la vida cotidiana.
También merece consulta si el niño parece no alcanzar determinados hitos del desarrollo o pierde habilidades.
Los padres conocen muy bien el comportamiento cotidiano de sus hijos.
Si algo preocupa de forma persistente, comentarlo durante una revisión pediátrica es razonable aunque finalmente el desarrollo resulte estar dentro de la variabilidad esperable.
Qué es un test de detección de autismo
Existen cuestionarios diseñados para detectar niños que podrían necesitar una evaluación más profunda.
Son herramientas de cribado, no pruebas diagnósticas.
Un resultado positivo significa que conviene investigar más.
No significa:
“el niño tiene autismo”.
De la misma manera, ningún cuestionario de internet debería utilizarse para descartar definitivamente un problema cuando existen señales claras.
La interpretación adecuada debe realizarse dentro del seguimiento del desarrollo.
Cómo se diagnostica el autismo infantil
No existe una analítica de sangre, radiografía o resonancia capaz de confirmar por sí sola el autismo.
El diagnóstico se basa fundamentalmente en:
historia del desarrollo, observación del comportamiento y evaluación de la comunicación y la interacción social.
Dependiendo del caso pueden intervenir pediatras especializados, psicólogos, neuropediatras, psiquiatras infantiles, logopedas u otros profesionales.
También puede evaluarse:
lenguaje, capacidad cognitiva, autonomía, audición y otras áreas del desarrollo.
El objetivo no es únicamente poner un nombre, sino comprender cuáles son las necesidades concretas del niño.
Qué ocurre después de detectar dificultades
No siempre es necesario esperar a tener un diagnóstico definitivo para comenzar a trabajar sobre necesidades concretas.
Si existe una dificultad clara de lenguaje, comunicación o desarrollo, los profesionales pueden orientar intervenciones específicas.
El apoyo temprano puede dirigirse a mejorar:
comunicación, habilidades funcionales, autonomía, regulación y participación en la vida cotidiana.
Cada plan debería adaptarse al niño.
El objetivo no debería ser obligarle a parecerse a otros niños, sino proporcionarle herramientas para comunicarse, aprender y desenvolverse con mayor bienestar.
El autismo no tiene una única causa visible
No existe normalmente algo que los padres hayan hecho para provocar el autismo.
Se trata de una condición del neurodesarrollo en cuya aparición intervienen múltiples factores, incluidos factores genéticos.
No está causado por una educación demasiado permisiva, una falta de cariño o una determinada personalidad de los padres.
Tampoco existe una dieta, vitamina o tratamiento alternativo que permita diagnosticar o “eliminar” el autismo.
Desconfiar de promesas de curas rápidas es especialmente importante cuando se habla de niños.
Cada niño se desarrolla de manera diferente
Los hitos del desarrollo son referencias útiles, no un cronómetro exacto.
Un niño puede comenzar a hablar unas semanas antes o después que otro y ambos tener un desarrollo típico.
Por eso Cómo identificar el autismo infantil no debería convertirse en una lista con la que intentar diagnosticar a un niño en casa. Lo importante es detectar patrones persistentes en la comunicación social, el comportamiento y el desarrollo, prestar especial atención a cualquier pérdida de habilidades y consultar cuando exista preocupación.
Una evaluación temprana no obliga a llegar a un diagnóstico concreto. Permite algo más útil: comprender cómo se está desarrollando el niño y proporcionarle el apoyo que necesite lo antes posible.
