Qué es el oubaitori y cómo aplicar esta filosofía japonesa que invita a dejar de compararse, valorar el propio ritmo y reconocer los avances personales.
Entender qué es el oubaitori puede resultar especialmente interesante en una época en la que estamos expuestos continuamente a los logros, viajes, trabajos y vidas aparentemente perfectas de otras personas. Esta idea japonesa utiliza cuatro árboles que florecen de manera diferente como metáfora de algo sencillo: cada persona tiene su propio ritmo, cualidades y circunstancias, por lo que compararse constantemente con los demás puede ofrecer una imagen injusta de la propia vida.
No se trata de una terapia psicológica ni de un método médico para tratar problemas de salud mental. Su valor está en utilizarla como una forma de reflexión que puede ayudar a cuestionar comparaciones innecesarias y prestar más atención al propio progreso.
Qué significa oubaitori
Oubaitori se escribe en japonés 桜梅桃李 y reúne cuatro caracteres asociados al cerezo, el ciruelo, el melocotonero y el ciruelo japonés.
Son árboles diferentes que pueden ofrecer flores hermosas sin necesitar parecerse entre sí.
Uno puede florecer antes y otro después. Sus flores tampoco tienen el mismo tamaño, forma ni color. Compararlos para decidir cuál debería comportarse como los demás carecería de sentido.
Trasladada a las personas, la metáfora resulta fácil de entender:
tu vida no tiene por qué desarrollarse al mismo ritmo que la de otra persona para tener valor.
Alguien puede encontrar pronto una profesión que le apasiona y otra persona descubrirla muchos años después. Una pareja puede formar una familia joven mientras otra decide no tener hijos. Ninguno de esos caminos necesita convertirse en la medida con la que valorar todos los demás.
La idea principal: dejar de medir tu vida con la de otros
Compararnos es algo normal.
El problema aparece cuando utilizamos constantemente la vida de otras personas como referencia para decidir si nosotros vamos bien o mal.
Podemos pensar:
«Mi amigo ya tiene casa y yo sigo de alquiler».
«Ella gana más dinero que yo».
«Todos parecen tener pareja menos yo».
«A mi edad debería haber conseguido más cosas».
O incluso:
«Ha empezado después que yo y ya está mucho más avanzado».
El oubaitori propone cambiar el punto de referencia.
En lugar de preguntarnos «¿voy tan bien como los demás?», la pregunta pasa a ser:
«¿Estoy avanzando respecto a mi propia situación anterior?»
Ese pequeño cambio modifica bastante la manera de interpretar el progreso.
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Por qué las redes sociales facilitan las comparaciones
Nunca habíamos tenido tanta información sobre la vida de otras personas.
En pocos minutos podemos ver a alguien celebrando un ascenso, comprando una vivienda, viajando por Japón, entrenando en un gimnasio o mostrando una relación aparentemente perfecta.
El problema está en que normalmente vemos momentos seleccionados, no la vida completa que existe detrás.
Nosotros conocemos nuestros problemas económicos, nuestras dudas, los días en los que estamos cansados y las cosas que todavía no hemos conseguido.
De los demás observamos principalmente aquello que han decidido mostrar.
La comparación, por tanto, empieza desequilibrada.
Oubaitori no propone dejar de utilizar redes sociales, sino recordar que la floración visible de otra persona no explica todo lo que ocurre en sus raíces.
Compararse no siempre es negativo
Evitar toda comparación tampoco sería realista.
Observar a otras personas puede ayudarnos a aprender, encontrar referentes y descubrir nuevas posibilidades.
Si alguien consigue mejorar profesionalmente, puede motivarnos a estudiar.
Si vemos a una persona ponerse en forma, quizá nos anime a hacer ejercicio.
La diferencia está en qué hacemos después con esa comparación.
Una comparación útil dice:
«Si esa persona lo consiguió, quizá yo pueda aprender algo de su experiencia».
Una comparación perjudicial termina en:
«Esa persona lo consiguió y eso demuestra que yo soy un fracaso».
El oubaitori encaja especialmente con aprender de los demás sin convertir sus resultados en una sentencia sobre nuestro propio valor.
Cómo practicar el oubaitori en la vida diaria
No existe un ritual obligatorio ni una secuencia tradicional de ejercicios que deba seguirse.
Puede aplicarse mediante hábitos sencillos de reflexión.
Cuando descubras que estás comparándote con alguien, intenta identificar qué estás comparando exactamente.
¿Dinero?
¿Aspecto físico?
¿Trabajo?
¿Relaciones?
¿Popularidad?
¿Vivienda?
Después pregúntate si conoces realmente las circunstancias de esa persona y si su situación puede compararse justamente con la tuya.
Dos resultados aparentemente iguales pueden haber partido de condiciones completamente diferentes.
Compara tu presente con tu pasado
Una de las formas más prácticas de aplicar esta filosofía consiste en cambiar de referencia.
En vez de mirar constantemente hacia los lados, mira hacia atrás.
Pregúntate:
- ¿Qué sé hacer ahora que hace un año no sabía?
- ¿Qué problema he conseguido superar?
- ¿He mejorado alguna habilidad?
- ¿Gestiono mejor determinadas situaciones?
- ¿He avanzado económicamente?
- ¿He aprendido de algún error?
- ¿Qué hábito positivo he mantenido?
Puede que todavía estés lejos de donde quieres llegar.
Eso no impide reconocer que ya no estás exactamente donde empezaste.
Utiliza objetivos propios
Las comparaciones se vuelven especialmente problemáticas cuando perseguimos metas que ni siquiera hemos elegido conscientemente.
A veces damos por hecho que a determinada edad deberíamos tener vivienda, pareja, hijos, cierto sueldo o una profesión concreta.
Pero esas expectativas pueden proceder de nuestra familia, amigos o entorno social.
Aplicar el oubaitori implica preguntarse:
¿Quiero realmente esto o simplemente creo que debería quererlo?
Una persona puede aspirar a dirigir una gran empresa.
Otra puede preferir un empleo estable que le permita terminar todos los días a las tres de la tarde.
No existe una única definición objetiva de éxito aplicable a ambas.
Un ejercicio sencillo para reducir comparaciones
Puedes utilizar una hoja dividida en tres columnas.
| Situación | Comparación automática | Enfoque oubaitori |
|---|---|---|
| Un amigo compra una casa | «Voy retrasado» | «Tenemos circunstancias y prioridades diferentes» |
| Alguien asciende | «Soy peor profesional» | «¿Hay algo útil que pueda aprender?» |
| Veo un cuerpo perfecto | «Nunca estaré así» | «Me centraré en mi propia salud y progreso» |
| Un conocido se casa | «Debería tener pareja» | «Mi vida sentimental sigue su propio ritmo» |
| Alguien gana más | «He fracasado» | «Puedo revisar mis objetivos económicos sin desvalorizarme» |
El propósito no es sustituir cualquier pensamiento incómodo por una frase positiva poco creíble.
Se trata de introducir una interpretación más justa.
Oubaitori aplicado al trabajo
El entorno profesional es uno de los lugares donde más fácilmente aparecen comparaciones.
Dos compañeros empiezan al mismo tiempo y uno asciende antes.
Un antiguo compañero cambia de empresa y duplica su salario.
Alguien más joven consigue un puesto de mayor responsabilidad.
Es normal que estas situaciones provoquen cierta incomodidad.
El enfoque oubaitori permite separar dos cuestiones:
¿Hay algo que quiero mejorar?
y
¿El éxito de esa persona demuestra realmente que yo he fracasado?
La primera pregunta puede conducir a una decisión útil. La segunda suele convertir el progreso ajeno en una agresión personal que probablemente no existe.
Oubaitori aplicado al dinero
Las diferencias económicas son especialmente visibles.
Coche, vivienda, vacaciones o ropa pueden utilizarse como señales externas de éxito.
Pero nuestra capacidad para observar la situación económica real de otra persona es muy limitada.
No sabemos necesariamente cuánto debe, cuánto ahorra, qué patrimonio heredó o qué ayuda familiar recibió.
Por eso comparar únicamente aquello que vemos puede resultar engañoso.
Una referencia más útil sería establecer indicadores propios:
deuda, ahorro, ingresos, patrimonio y capacidad para cubrir gastos.
Si esas cifras evolucionan en la dirección que deseas, existe progreso aunque otra persona posea mucho más.
Oubaitori aplicado a las relaciones
También existe una especie de calendario social de las relaciones.
Encontrar pareja, convivir, casarse o tener hijos parecen hitos que deberían producirse a determinadas edades.
Sin embargo, la vida sentimental tiene un enorme componente de circunstancias difíciles de controlar.
Aplicar esta filosofía significa aceptar que el ritmo de otra pareja no determina el nuestro.
Que un amigo se case no convierte automáticamente nuestra soltería en un problema.
Del mismo modo, una relación de diez años no es necesariamente mejor que otra de tres simplemente por llevar más tiempo.
Cada trayectoria necesita evaluarse por lo que aporta a quienes participan en ella.
Oubaitori y autoestima
Una autoestima basada principalmente en superar a los demás resulta frágil.
Siempre existirá alguien que gane más, tenga mejor aspecto, sea más popular o destaque en una habilidad concreta.
Incluso cuando conseguimos superar a una persona, aparecerá otra nueva con la que compararnos.
El enfoque oubaitori permite utilizar criterios más internos:
valores, esfuerzo, aprendizaje, relaciones, decisiones y objetivos personales.
Eso no significa ignorar nuestras debilidades.
Podemos reconocer que necesitamos mejorar determinadas cosas sin llegar a la conclusión de que valemos menos que quienes ya las dominan.
Aceptar ritmos diferentes no significa conformarse
Este es un matiz fundamental.
Decir «cada persona florece a su ritmo» podría utilizarse como excusa para no cambiar nada.
Ese no tiene por qué ser el sentido de la idea.
Podemos aceptar nuestro punto de partida y, simultáneamente, querer avanzar.
Si no nos gusta nuestro trabajo, podemos formarnos.
Si necesitamos mejorar nuestras finanzas, podemos ahorrar.
Si queremos estar más sanos, podemos modificar hábitos.
La diferencia está en actuar porque queremos mejorar nuestra propia vida, no únicamente porque necesitamos demostrar que estamos por delante de alguien.
Cómo utilizar las redes sociales con esta filosofía
No es necesario desaparecer de Internet.
Puede ser suficiente con observar qué cuentas generan sistemáticamente sensaciones negativas.
Si cada vez que vemos determinado perfil terminamos sintiéndonos insuficientes, quizá tenga sentido dejar de seguirlo o reducir su presencia.
También puede ser útil recordar que la publicación que estamos viendo representa unos segundos de la vida de otra persona.
Una fotografía de vacaciones no muestra los otros 360 días del año.
Un ascenso laboral no muestra necesariamente los sacrificios que lo acompañaron.
El objetivo es recuperar perspectiva.
Lo que el oubaitori no puede hacer
Aunque pueda resultar útil como filosofía personal, oubaitori no es una psicoterapia.
No existe una terapia clínica denominada oubaitori que haya demostrado tratar depresión, ansiedad u otros trastornos psicológicos.
Una idea sobre dejar de compararse puede ayudar a algunas personas a reflexionar sobre ciertos hábitos, pero eso es diferente a tratar un problema de salud mental.
Si existen síntomas intensos, persistentes o que interfieren significativamente con la vida cotidiana, buscar ayuda profesional tiene mucho más sentido que intentar solucionarlos únicamente mediante filosofías de autoayuda.
Una filosofía especialmente sencilla de recordar
Parte del atractivo de oubaitori está en que su metáfora no necesita una explicación complicada.
Un cerezo no necesita convertirse en melocotonero.
Un ciruelo tampoco ha fracasado porque florezca de manera diferente.
Cada uno tiene características propias.
Trasladado a la vida cotidiana, el mensaje consiste en reconocer las diferencias sin convertirlas automáticamente en jerarquías.
Habrá personas más avanzadas que nosotros en determinados ámbitos y nosotros estaremos por delante en otros. Además, muchos objetivos ni siquiera son comparables porque cada individuo desea cosas diferentes.
Practicar oubaitori puede reducirse a recordar una pregunta cada vez que aparezca una comparación que nos haga sentir insuficientes: ¿estoy evaluando mi vida según mis propios valores y progresos o utilizando la vida de otra persona como una regla que nunca estuvo diseñada para medirme a mí?
